Ejercicios básicos para moverse mejor y ganar seguridad

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La psicomotricidad es una forma de trabajo corporal que relaciona el movimiento con la coordinación, el equilibrio, la orientación, la memoria y la seguridad en uno mismo. En personas mayores, puede ser una herramienta muy útil para conservar autonomía, prevenir caídas y mantener una vida cotidiana más activa.

A partir de los sesenta años es habitual que se produzcan cambios en la fuerza, la agilidad, los reflejos, la postura o la coordinación. No siempre aparecen de forma brusca, pero pueden notarse en gestos sencillos: levantarse de una silla, subir un bordillo, caminar por una superficie irregular, girarse, agacharse o mantener el equilibrio al vestirse. La psicomotricidad ayuda precisamente a trabajar esas capacidades que intervienen en los movimientos diarios.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que las personas mayores incluyan actividades destinadas a reforzar el equilibrio, la coordinación y la fuerza muscular para ayudar a prevenir caídas y mejorar la salud. También aconseja realizar actividad física multicomponente, es decir, ejercicios que combinen resistencia, fuerza, equilibrio y movilidad.

La psicomotricidad no debe entenderse como una actividad infantil ni como una gimnasia complicada. En mayores, puede adaptarse perfectamente a la edad, al estado físico y a las necesidades de cada persona. Su objetivo es favorecer movimientos más seguros, mejorar la conciencia corporal y reforzar la confianza.

Tipos de ejercicios que favorecen la psicomotricidad

Uno de los ejercicios más sencillos consiste en levantarse y sentarse de una silla. Se puede realizar despacio, con la espalda recta y apoyando bien los pies en el suelo. Este gesto fortalece piernas y glúteos, y es muy útil porque reproduce un movimiento cotidiano. Si es necesario, puede hacerse con apoyo de los brazos o con supervisión.

Otro ejercicio recomendable es caminar siguiendo una línea imaginaria o marcada en el suelo. Ayuda a mejorar el equilibrio, la coordinación y la atención. Puede hacerse en un pasillo despejado, con calzado cómodo y cerca de una pared o barandilla por seguridad.

Los ejercicios de movilidad articular también son importantes. Girar suavemente los hombros, mover tobillos, flexionar y extender rodillas, abrir y cerrar las manos o realizar pequeños movimientos de cuello ayuda a mantener las articulaciones activas y a reducir la rigidez. Deben realizarse sin dolor y de forma progresiva.

Para trabajar la coordinación, pueden utilizarse ejercicios sencillos con una pelota blanda: pasarla de una mano a otra, lanzarla suavemente contra una pared, botarla o pasarla a otra persona. Este tipo de actividad combina atención, reflejos, movimiento y relación social.

También son útiles los ejercicios de orientación y memoria asociados al movimiento. Por ejemplo, caminar por la sala y detenerse al oír una señal, seguir una secuencia de pasos, tocarse una parte del cuerpo indicada o recordar una pequeña serie de movimientos. Estas actividades estimulan cuerpo y mente al mismo tiempo.

Como norma general, los ejercicios deben hacerse en un espacio seguro, sin alfombras sueltas ni obstáculos, con buena iluminación y utilizando ropa y calzado adecuados. Conviene empezar poco a poco, evitar movimientos bruscos y consultar con un profesional sanitario o fisioterapeuta si existen problemas de equilibrio, dolor persistente, mareos, enfermedades neurológicas, fracturas recientes o limitaciones importantes.

Moverse mejor también es vivir mejor. Y a cualquier edad se pueden entrenar la coordinación, el equilibrio y la seguridad.

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