Ejercicios de memoria para mantener la mente activa

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Cuidar la memoria no consiste solo en hacer pasatiempos. A partir de los 60 años, mantener la mente activa implica conservar rutinas, relacionarse con otras personas, aprender cosas nuevas, moverse, descansar bien y seguir participando en actividades que estimulen la atención, el lenguaje y la capacidad de recordar.

Con la edad pueden aparecer pequeños despistes: olvidar dónde se han dejado las llaves, tardar más en recordar un nombre o necesitar apuntar más cosas que antes. En muchos casos forman parte del envejecimiento normal. Sin embargo, cuando los olvidos son frecuentes, interfieren en la vida diaria o generan desorientación, conviene consultarlo con un profesional sanitario.

La salud cognitiva forma parte del envejecimiento saludable y hay que mantenerla. Esto no depende solo del estado físico, sino también de la memoria, la atención, la autonomía, las relaciones sociales y el entorno en el que se vive.

Una forma sencilla de cuidar la mente es incorporar pequeños ejercicios de memoria a la vida cotidiana. No hace falta plantearlos como una obligación ni convertirlos en una rutina rígida. Lo importante es que resulten agradables, variados y adaptados a cada persona.

Leer cada día y comentar después lo leído ayuda a trabajar la atención, el lenguaje y la comprensión. Puede ser una novela, una noticia, una revista o un artículo de interés. También es útil escribir una pequeña nota sobre lo que se ha leído, recordar los personajes, resumir la idea principal o compartirla en una conversación.

Otra práctica interesante es ejercitar la memoria autobiográfica. Revisar fotografías, ordenar recuerdos, escribir anécdotas familiares o contar historias personales permite activar la memoria, reforzar la identidad y generar conversaciones significativas con hijos, nietos, amistades o vecinos.

Los juegos de palabras, sopas de letras, crucigramas, sudokus, cartas, ajedrez, dominó o juegos de mesa también pueden ayudar a mantener la atención y la agilidad mental. Su valor aumenta cuando se comparten con otras personas, porque añaden interacción social, planificación, conversación y disfrute.

Aprender algo nuevo es otro gran estímulo para el cerebro. Puede ser una receta, una canción, una ruta por el barrio, el uso de una aplicación móvil, una actividad manual, un idioma básico o una afición pendiente. El National Institute on Aging señala que la actividad física, el aprendizaje, la conexión social y el cuidado de la salud general forman parte de las estrategias que pueden contribuir a preservar la salud cognitiva en la edad avanzada, aunque no exista una única actividad que garantice por sí sola la prevención del deterioro.

También conviene recordar que la memoria se cuida con el cuerpo. Dormir bien, mantener una alimentación equilibrada, controlar la tensión arterial, revisar la audición y la visión, caminar y evitar el aislamiento son medidas importantes. La Sociedad Española de Neurología insiste en la importancia de la prevención y de actuar sobre factores modificables relacionados con el deterioro cognitivo.

Mantener la mente activa no significa vivir pendiente de la memoria. Significa seguir teniendo curiosidad, conversar, aprender, recordar, moverse y disfrutar. Porque cuidar el cerebro también es cuidar la forma en que vivimos cada día.

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